La Vinotinto comenzó su nuevo andar con el pie derecho tras vencer a
Trinidad y Tobago 4-1. Los goles fueron marcados por el inesperado Delvin
Alfonzo (2) y el inoxidable Salomón Rondón (2). Posteriormente, empató a cero
ante uno de los locales en la FIFA Series y clasificado al Mundial, Uzbekistán.
El primer marcador es uno contundente y por ende un pequeño estimulo de aliento
para un grupo de jugadores que deben encontrar en este tipo de resultados
combustible para reponerse del bochornoso fracaso ocurrido el 09 de septiembre
de 2025.
Sin embargo, este, como el segundo compromiso revelaron los
malfuncionamientos que todavía prevalecen, además de la evidente búsqueda de
confeccionar un equipo que pueda empaparse de la nueva idea y, en muchos casos,
empaparse en la socio-efectividad de un grupo que se está integrando nuevas
caras y, por ende, conociéndose.
Por lo tanto, los resultados no eximen de crítica. Combatir los errores
que caracterizaron el último camino mundialista no solo viene desde el campo,
sino también desde los espacios de debate, información y, sobre todo, análisis.
De esta manera, compartiré mis apreciaciones de lo que fue el transcurso del
encuentro.
Lunares persistentes
Una de las debilidades más llamativas del fútbol venezolano (en cualquier
categoría) respecta a los desniveles de concentración. Este ha sido un problema
desde hace muchos años, pero se acentuó durante la etapa de Fernando Batista.
Mister Chip compartió un dato en las eliminatorias mundialistas donde destacaba Venezuela como el equipo que más goles permitía en los minutos iniciales del segundo tiempo.
Esta fecha FIFA no fue la excepción y es que el equipo volvió a
demostrar vulnerabilidad, desatenciones y errores en los primeros tramos de los
cuatro períodos jugados de los dos amistosos.
1)Penal concedido antes del primer minuto frente a Trinidad y Tobago. 2)
Pérdida sin presión que provocó el primer tanto trinitario a los seis minutos
de comenzado el segundo tiempo. 3) Antes de los 30 segundos un mal despeje casi
deja al delantero uzbeko en un mano a mano con el portero. 4) Una pérdida en la
línea de fondo casi genera el gol rival con un pase al área chica.
Por su parte, la incomodidad de jugar con un bloque alto y con muchos
espacios a las espaldas de la última línea sigue siendo evidente. En la etapa
Batista la selección expuso esta incapacidad, la cual para mí fue evidente en
el amistoso contra Guatemala y, tres meses después, en la eliminación frente a
Canadá en la Copa América 2024.
En ambas presentaciones los guardametas (Joel Graterol y Rafa Romo,
respectivamente) fueron figuras y mantuvieron la competitividad al responder en situaciones de mano a mano y de
salidas del área para ejercer como libero.
El equipo demuestra mucha incapacidad para defender la profundidad
principalmente por tres motivos: la lentitud de los zagueros del equipo, la
débil presión de la segunda línea y el desconocimiento para jugar con el fuera
de juego provocaron esta fragilidad.
Integración
La cantidad de caras nuevas y que se encuentran adaptándose a la
dinámica de la selección en la convocatoria plasmó una evidente intención de
expandir el universo de jugadores de La Vinotinto.
Especialmente en el partido ante Trinidad y Tobago Christopher Varela,
Diego Osío, Delvin Alfonzo, Carlos Sosa y Andrusw Araujo tuvieron su debut
internacional. Mientras que, Luis Balbo, Keiber Lamadrid, Jorge Yriarte,
Gleiker Mendoza, Alejandro Marqués, Jovanny Bolívar y Luis González tuvieron
otra oportunidad.
Se puede considerar que, de entre quienes partieron en el XI inicial,
solamente Jon Aramburu puede ser considerado como un futbolista más que probado
en el seleccionado absoluto y que demostró una soltura muy por encima de sus
compañeros.
En ese orden de ideas, los ingresos en simultáneo de Salomón Rondón,
Cristian Casseres Jr y Telasco Segovia expusieron lo necesarios que son en el
esquema de Oswaldo Vizcarrondo. Sus presencias destrabaron un partido muy opaco
en el centro del campo.
Los ingresos de ambos en conjunto con los de Carlos Sosa y Luis González
ayudaron a generar mayor claridad en el último tercio, un privilegio que no
contó Alejandro Marqués. Sin embargo, hay que destacar que, todavía, Salomón
Rondón, está varios escalones arriba de los demás '9's del universo.
El Gladiador marcó un doblete y, en el último tanto, quedó claro
que sigue siendo una vía más que clara para saltar líneas y pisar campo rival
en el juego directo. ¿Debería seguir siendo la primera opción en su posición considerando
que para la siguiente Copa del Mundo tendría 40 años? Es un bonito debate que
se puede tocar más adelante.
Ahora bien, como opinión personal, espero que en la siguiente ventana
podamos ver a futbolistas quienes se desempeñan en torneos más competitivos.
Ender Echenique y Ángel Azuaje deben resolver sus problemas migratorios. Dani
Pereira y, sobre todo, Yangel Herrera, espero pueda (por fin) mantener un
estado físico óptimo.
Bianneider Tamayo debe irrumpir en Universidad de Chile y mantenerse a tope físico. Al igual que Yerson Chacón, quien desafortunadamente sufrió una rotura
de ligamento cruzado a finales de 2025 tras adaptarse notablemente al fútbol chipriota e incluso teniendo jornadas destacadas en la UEFA Conference League.
Thomas Gutiérrez, con más de mil minutos en Nacional de Paraguay y Wuilker
Fariñez superando esta cifra en Internacional de Bogotá deben ser tomados en
cuenta. Jefferson Savarino debe definir su anhelo y prioridad por estar a la
cabeza de este nuevo proyecto. No solo estar.
Las ausencias de jugadores jóvenes, con proyección y que han hecho
procesos juveniles como: Kevin Kelsy, Alessandro Milani, Yiandro Raap, Adrián
Palacios o Kervin Andrade evidencian que Vizcarrondo, además de la habilidad,
valorará la constancia. Desde la última fecha FIFA (donde, a excepción de Raap,
todos dijeron presente) los mencionados perdieron ritmo con sus respectivos
clubes.
Inyectando la identidad
La fecha FIFA fue una nueva muestra de intenciones para confeccionar un
equipo que valore la posesión, inicie tocando desde el fondo, atraiga al bloque
rival y consiga explotar los espacios concedidos.
No obstante, también fue evidente lo mucho que falta para que esta idea
aceite. No solo porque algunas piezas dentro de la cancha todavía no poseen la
compostura suficiente para responder ante una presión asfixiante cerca de arco
propio, igualmente por los lentos movimientos de los apoyos sin balón.
El funcionamiento de Venezuela desde hace muchos años se ha
caracterizado por ser muy plan, en el que los jugadores suelen ser muy
estáticos. Me permito pensar que la presencia de Salomón Rondón como única vía
para pisar área rival ha generado esta psiquis en los jugadores.
De ejemplo está el cuarto gol a Trinidad y Tobago. La secuencia inicia
con una recuperación cerca del córner derecho, acción que inicia una serie de
triangulaciones. Sin embargo, no consiguen una salida limpia y ceden ante la
opción más sencilla: el pelotazo. Salomón descarga en el mediocampo y desde
allí surge una transición que finaliza con el tanto.
Ante Uzbekistán, Oswaldo Vizcarrondo presentó una estructura nunca antes
vista de su parte y que corresponde a una estructura moderna utilizada por
clubes de la élite caracterizada por el sistema en caja en el centro del campo.
En fase ofensiva, dispuso de una línea de tres en la base con Teo
Quintero, Nahuel Ferraresi y Carlos Vivas. Telasco Segovia y Cristian Casseres
Jr hacían el 2+3 en salida, mientras que David Martínez y Wikelman Carmona
creaban la caja con sus incursiones por dentro. Finalmente, Gleiker Mendonza y
Jon Aramburu creaban la amplitud con Jesús Ramírez permanecía en el eje de
ataque.
¿Qué buscaban con dicha disposición? Generar superioridades numéricas en
la base y en el centro del campo, atracción de la primera y segunda línea de
presión, y posibilidad de que el doble pivote esté bien posicionado en caso de
una pérdida al tapar los carriles centrales contra un contragolpe rápido y
directo por el medio.
El equipo demostró suficiencia para pasar la primera línea de presión y
plantarse, en su mayoría, en la zona 2. Sin embargo, cuando el balón llegaba a
las bandas, especialmente a la humanidad de Gleiker, el extremo se vio
demasiado aislado; con dos o tres rivales presionándole y sin opciones para
asociarse en corto.
La misma falencia se observaba cuando lograban pisar el último tercio.
La ausencia de opciones en corto y los estáticos movimientos de los atacantes provocó
el constante reinicio de las secuencias de ataque con el balón regresando a los
pies de los zagueros.
La creatividad también fue carente, con David Martínez siendo el único
atacante que presentó distinción al crear las tres ocasiones más claras de gol.
Dos llegaron gracias a su aceleración desde el espacio intermedio derecho hasta
llegar a la zona 14 y rematar, así como una ocasión gracias a su velocidad en
campo abierto que dejó a Ramírez con una ocasión de cara al arco cerca del
punto del penal.
Igualmente, el problema radicó ante la poca presencia de jugadores en
zonas altas de la cancha, por lo que los números a favor en la base no
fueron un espejismo en los espacios más cercanos al arco o siquiera al área rival.
Evidentemente, sumar tantas piezas en salida conlleva desgaste de los
volantes para sumarse al ataque rápidamente. Entonces, Vizcarrondo deberá
trabajar para incentivar a que sus jugadores se esfuercen por recibir el balón.
Como dijo el personaje de Brad Pitt en Guerra Mundial Z: “El movimiento
es vida”. La identidad que quiere dar el exjugador vinotinto significa
constantes desplazamientos en uno, dos y hasta tres movimientos, la búsqueda
del condicionamiento de los rivales y su presentación a los duelos, y la
explotación de los espacios rivales.
Este fue uno de los sellos de su exitoso periodo con La Vinotinto S-17.
Sin embargo, esta dinámica fue presentada con un núcleo de futbolistas en
formación y todavía muy permeables. ¿Podrá incentivarla con jugadores ya
formados y con egos mucho mayores? Esa es la pregunta.
Solo para recalcar: curiosamente Uzbekistán también fue el segundo contrincante una vez comenzó la decadente y triste etapa de Fernando Batista. En aquella ocasión, con un equipo más competitivo, experimentado y en territorio neutral, Venezuela empató (1-1), concedió dos penales y sufrió una expulsión por doble amarilla.


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