Oswaldo Vizcarrondo fue
oficializado como el director técnico de La Vinotinto para el proyecto de la
selección nacional 2026-2034. Su designación es recompensa del meteórico
ascenso de un entrenador que en 2023 se le asignó la selección S-17, a mediados
de 2025 tuvo su promoción a la S-20 y ahora, en 2026, dirigirá al combinado
mayor en uno de los proyectos más ambiciosos en la historia del fútbol
venezolano.
Por un lado, la opinión
pública recibe la noticia de forma alentadora por ser un local y por su trabajo
en las categorías inferiores. Por otro lado, hay rechazo por la inexperiencia
del exjugador, quien todavía no ha dirigido en el fútbol profesional y cuya corta
trayectoria genera un inquietante deja vú por el miedo a que se dé un
desenlace similar al visto con Fernando Batista. La jerarquía del cuerpo
técnico permite creer que compensará esta debilidad.
Durante su paso en las
juveniles venezolanas presentó una idea clara y sumamente atractiva que, más
allá de resultados, enorgulleció al fanático y creería que dejó una huella que
se verá (cada vez más) en las categorías inferiores del país. Ahora bien, a
pesar de demostrar serle fiel a su estilo, Vizcarrondo hizo unas declaraciones
que marcan su adaptabilidad a los jugadores que tenga a disposición.
“No tenemos un
atacante “9” como Salomón o Cádiz. En la absoluta los hay, pero no en las
inferiores… Entonces, estamos construyendo un modelo de juego y pusimos los
elementos para poder desarrollarlo. Si vamos a jugar en largo sabemos que lo
vamos a perder”, dijo en una entrevista en el podcast de la Vinotinto TV.
Resulta complicado asegurar que La Vinotinto que veremos bajo su mando sea un calque de lo hecho en las juveniles. El cuerpo técnico, los perfiles de jugadores disponibles y la competencia cambian esa perspectiva. Sin embargo, durante su presentación, se presentó una lámina titulada Identidad de Juego, el cual expuso (superficialmente) lo que quiere el nuevo entrenador. Mucho de ello tiene que ver con lo hecho en su trabajo previo, especialmente en la S-17 mundialista.
1)
La presión y la defensa en zona manteniendo el
equilibrio ofensivo
Los equipos de Oswaldo Vizcarrondo, si bien han variado en algunas oportunidades, han tenido un sistema bastante usual en la defensa, el cual respecta a un 4-4-2 que alterna las alturas del bloque entre uno medio y uno medio alto. El mismo es bastante compacto; con distancias entre líneas muy cortas, al igual que las distancias entre jugadores.
Esta disposición busca evitar el juego del rival por los carriles interiores y forzarlo a jugar hacia las bandas para encerrarlo o forzar a la primera línea (o al portero) a jugar en largo para ganar la acción dividida. El efectuar de la primera línea de presión aquí es fundamental. Los delanteros esperan el momento idóneo para lateralizar e impedir que el balón circule por dentro con comodidad.
Al
permitir muchos espacios en los carriles exteriores, este sistema, entre muchas
otras cosas, implica que los jugadores puedan ejercer una basculación rápida y
ordenada, así como atención y coordinación de los extremos para apoyar a los
laterales. Una labor que cumplieron a la perfección tanto Juan Camilo Uribe por
izquierda como Yerwin Sulbarán por derecha.
2) Verticalidad y rapidez para atacar y
recuperar
Al
recuperar la directriz es clara: buscar profundizar dentro de lo posible. Así lo
dejo claro el exdefensor central en una entrevista con el periodista Ignacio
Benedetti: “La
primera intención al recuperar el balón tiene que ser verticalizar. Si el pase hacia adelante está, se da; si el receptor está
perfilado para atacar el espacio, se busca. Solo si esa vía está cerrada,
entonces empezamos a circular para encontrar una nueva grieta, pero no quiero una posesión que no agreda”.
Esta disposición pone sobre la
mesa la capacidad de contragolpear, una táctica que, si bien no es la prioridad
en los equipos de Vizcarrondo, no exime de ser una opción real y me remito a lo
visto en el debut mundialista frente a Inglaterra, donde los primeros dos goles
del conjunto llegaron desde la recuperación y una posterior transición rápida.
El primer tanto, además, destaca la capacidad del análisis táctico que fue expuesta por Román Davis en una entrevista en RGSport: “Fue gracias al videoanálisis del cuerpo técnico. Los estudiamos y vi su punto débil: (el lateral) esperaba mucho el balón. Esperaba esos metros para saltar, pero era diferente cuando recibía. Traté de saltarlo y vino el gol”.
En
este encuentro se empleó otra estructura defensiva utilizando el 5-4-1 ya visto
en el partido ante Chile. En dicho compromiso por el tercer lugar del
Sudamericano se dispuso de Román Davis como carrilero y se incluyó a Juan
Boyer, un lateral izquierdo más profundo, por Ricardo Rincones; mientras que,
en el debut en el Mundial, el mismo Rincones pasó a la zaga con Dioner Fuentes
siendo el lateral en la fase defensiva y un extremo en la ofensiva.
Ambos partidos presentaron otra distinción muy particular en los momentos de enviar al bloque cerca del guardameta rival. La composición formaba un sistema con las líneas adelantadas. De esta manera, los atacantes ahogaban la salida de los ingleses, buscando provocar una acción dividida hacia el mediocampo donde Marcos Maitán, en posición de mediocentro, esperaba para ganar el duelo aéreo (3/3) y así reactivar la fase ofensiva.
3) “Sacando el máximo provecho a los
espacios concedidos por el rival”
No
hay que buscar muchas declaraciones de Oswaldo Vizcarrondo para saber la
importancia que le da a este aspecto, uno al que no solo se refiere desde la
búsqueda de desatenciones del rival, sino también a la generación que son
capaces de crear sus conjuntos mediante automatismos y circulaciones. Los
jugadores deben reconocer cuando estas circulaciones pueden ser rápidas y
verticales o lentas y en las que prevalezca la paciencia.
Esta
creación de espacios surge de un concepto muy “simple”: atracción. Dicho
concepto radica en atraer las líneas rivales hasta ganar las espaldas y si algo
es clave para lograr esto, y es clave para Vizcarrondo, es que los jugadores
que utilice en el XI no les queme la pelota y mantengan la compostura ante una
presión asfixiante. Para ello analizaremos uno de los comportamientos más
comunes de los equipos del estratega.
La secuencia inicia desde los pies del guardameta Alan Vásquez, quien encuentra el ofrecimiento del mediocampista cercano, un rol que usualmente cumplía Henrry Díaz o en pocos casos Williander Muñoz. En este caso fue Marco Libra quien, a un toque, abre con Marcos Maitán. (Imagen 1)
Inmediatamente la posesión regresa a Libra, que ve en su frontal muchos cuerpos rivales por lo que pisa y cambia de orientación el juego. Específicamente hacia el segundo marcador central (Eider Barrios), el cual, gracias a esta decisión, consigue mucho tiempo y metros para conducir verticalmente y con la posibilidad de buscar un nuevo receptor. (Imagen 2)
Por consiguiente, el pase llega a uno de los volantes que, rápidamente, lee la jugada y con un taco consigue el desmarque de Williander Muñoz, quien ataca la espalda de su marcador y del compañero, permitiendo la claridad suficiente en su periférica para llevar el balón hacia el carril intermedio derecho donde se encuentra David Uranga con ventajas para encarar. (Imagen 3)
Finalmente, el extremo obtiene el apoyo del lateral Dioner Fuentes que hace un explosivo desdoble por fuera creando una opción en la amplitud con mucho espacio para ejecutar un centro cómodo. Si bien el lanzamiento no es preciso, sí genera una disputa en el área que terminó con el gol del delantero del Zamora FC, José Flores. (Imagen 4)
De esta manera, con velocidad de interpretación y pocos toques de cada jugador, el conjunto consigue eliminar la primera y segunda línea de presión gracias a la atracción de la presión rival. Hay que enfatizar que, en gran parte, la secuencia transcurre por los carriles interiores, lo cual consigue descongestionar las zonas de amplitud.
Asimismo,
este concepto de atracción y acumulación también se vio en el amistoso frente a
Argentina, el único partido (por ahora) de Vizcarrondo con la selección
absoluta. Sin embargo, en vez de acumular efectivos por el centro, el mismo se realizó
a través del carril derecho creando así un ataque de estilo funcional. Analizaremos
a detalle la secuencia.
Nuevamente, el génesis se produce desde los pies del guardameta. En este caso es José Contreras, quien se asocia con Nahuel Ferraresi. El zaguero forma un tándem con Jon Aramburu y tras un par de devoluciones forma una triangulación con Cristian Casseres Jr.
El Novillo juega en largo con el delantero centro, Alejandro Marqués, quien, tras aguantar la carga de Marcos Senesi, descarga con un toque elevado hacia la humanidad de Kervin Andrade. El mediapunta logra orientar el balón y encontrar la proyección del extremo.
Gleiker Mendoza, uno de los futbolistas más verticales en el 1vs1, es el wing que recibe aislado y con mucho campo por delante para poder atacar al lateral derecho. Al final, el ataque no culmina de forma limpia por un remate bastante desviado tras una segunda pelota, pero Venezuela vuelve a formular un ataque prometedor desde el fondo de su campo.
Dicho
esto, este enfoque ofensivo radica en los valores ya mencionados (atracción y
acumulación), aunque creando un lado fuerte. Es decir, con muchos efectivos.
Esta idea puede conllevar el avanzar desde ese sector o, como se vio en las
imágenes, trasladar la pelota hasta el lado débil, donde lo ideal es que deba
estar listo un jugador con habilidad para afrontar los duelos individuales.
4)
Usando los 11 jugadores como actores ofensivos desde la salida con el arquero
hasta conectar con los delanteros y 5) Valorando la progresión del balón como
protagonista del juego
Hilo
los últimos dos puntos, porque sus ideas radican bajo el mismo pensamiento y
ambas podrían resumir gran parte de la idea ofensiva del próximo entrenador.
Durante todo este escrito ha quedado claro la estima que le da Oswaldo
Vizcarrondo a la pelota; a la circulación y a su gestación para administrar si
esas circulaciones deben ser largas o cortas; si se debe jugar en corto o jugar
en largo.
De esta manera, esta involucración de los once jugadores y esta progresión del balón tienen como punto de inicio la labor del portero. Las salidas pueden ser desde el área chica con el guardameta entre los zagueros o, en caso de que la presión no sea alta, con el propio guardameta fuera del área creando esta primera línea de 3. En estas imágenes se observa la disposición de sus equipos en las categorías S-17 y S-20 y absoluta, respectivamente.
Los
defensores centrales, por su parte, no deben tener miedo en reiniciar con el
mismo portero, tocar en corto, filtrar y hasta cuentan con libertad de hacer
conducciones largas que pueden llegar al mediocampo. No es mera coincidencia
que Vizcarrondo haya utilizado a Nahuel Ferraresi y Teo Quintero en el partido
contra Argentina, dos de los defensores con mejor salida de balón dentro del
universo venezolano. Fernando Aristeguieta mantuvo esta pareja en los amistosos
frente a Australia y Canadá.
Los
laterales suelen pisar zonas altas para marcar la amplitud simulando así una especie
de salida Lavolpiana, con los extremos interiorizándose y por ende, con
cercanía a la mejor zona de remate: la zona 14. Tanto en el conjunto S-17 como en
su breve etapa con la S-20 contó con dos laterales profundos y con suficiencia para
desenvolverse en el ataque como lo son Román Davis y Dino Trotta,
respectivamente. Ambos laterales derechos, al contrario de los usados en la
izquierda que no tenían tanta vocación ofensiva.
Probablemente
Vizcarrondo cambie la dinámica de orientación al tener como primera opción a
Jon Aramburu, un lateral sumamente defensivo y de poca proyección al ataque. Los
laterales de carácter ofensivo de la absoluta están situados en el carril
izquierdo, una zona donde hay efectivos jóvenes y que se están jugando un
puesto en esta renovación. Alessandro Milani, Luis Balbo, Miguel Navarro y
Renné Rivas son los casos.
Los
volantes defensivos y ofensivos representan a los activos más dinámicos dentro
del sistema de Oswaldo Vizcarrondo. Dependiendo de si la presión del rival es
alta o no, los volantes tendrán una disposición. Si es alta los extremos
plasmaran la amplitud con los laterales abiertos, pero no tan bajos. Si la
presión no es alta se cerrarán, dejando a los laterales estos espacios.
El
dinamismo se percibe por la cantidad de intercambios de posición que realizan
estos extremos con los volantes de primera línea y que ayudan a sobrecargar la frontal
del área. Los intercambios ocurren homólogamente por la cantidad de extremos
(2) y mediocampistas (2) que usualmente utiliza Oswaldo Vizcarrondo en su
esquema.
Sin
embargo, casi siempre dispone de tres mediocampistas en el bloque. Entonces,
¿Qué pasa con el tercer mediocampista? Se encarga de acercarse a la base para
crear una línea de pase interior y generar superioridad numérica en salida. En
la S-17 se observó con Henrry Díaz, en la S-20 con Luis Carrero y en la
absoluta se ha observado con Cristian Casseres Jr.
Finalmente,
contó con Diego Claut en el eje de ataque, un delantero de un biotipo no tan
imponente, aunque con excelente juicio para atacar los espacios ya sea con
desmarques de apoyo o profundidad. No hay un ’9’ en el universo actual que destaque (principalmente)
en estos movimientos, ya que por ahora las opciones en la absoluta corresponden
al modelo clásico de delantero que ha tenido Venezuela en los últimos años:
altos, rematadores que apuestan más desde lo estático, fiables en el juego
aéreo y cumplen en su juego de espaldas al arco.
Su presencia marcó en demasía el estilo de juego de la S-17, pues en él se basó Vizcarrondo para decir que “si vamos a jugar en largo lo vamos a perder”. Las matemáticas no mienten y es que su seleccionado mundialista promedió 14.5 balones en largo por presentación, siendo así el combinado que menos recurrió a esta vía en todo el Sudamericano.
Ahora
bien, el estratega tuvo compromisos donde optó por utilizar una doble punta
variando perfiles con uno de características más movibles y uno de
características más estáticas. Si bien la muestra y el discurso de Oswaldo va
en una línea de valorar la posesión hasta llegar limpiamente a área rival, esta
opción (doble ’9’) representó el
disponer de un estilo más conservador y que valora las transiciones rápidas.
Esto
se evidenció durante el Sudamericano S-15, cuando el equipo propuso
contragolpes para profundizar. En estas situaciones dispuso de dos extremos
veloces y verticales que jugaron a pierna natural con el fin de poder de
conducir hasta espacios favorables enviar centros a los atacantes. Los extremos
del Monagas SC, Yerwin Sulbarán y Víctor Escobar, fueron los encargados de
cumplir esta tarea.
No
hay duda de que Oswaldo Vizcarrondo valorará tener la posesión. Sus
planteamientos y discursos así lo han demostrado. Pero, es imperativo que con
la absoluta sea capaz de construir un equipo que pueda estar listo (no
disponer) para efectuar un juego más directo. Venezuela compite en una
confederación donde casi siempre se enfrentará a seleccionados de mayor nivel y
que tengan más aptitudes para dominar.
No
obstante, no solo lo comento por la jerarquía de los equipos CONMEBOL, sino
también por la capacidad de tener un Plan B. Resulto desesperante ver como en
el partido de eliminación frente a Corea del Norte en la Copa del Mundo, la
S-17, en el agregado y aun pasado los minutos añadidos, seguía optando por
jugar en corto desde el toque del guardameta.
Igualmente, si algo quedó claro en los últimos amistosos frente a Argentina, Australia y Canadá es que La Vinotinto tiene facultades para ejercer posesiones sostenidas. Consiguió 334, 699 y 469 pases, respectivamente, con un promedio de 52% de la posesión entre las tres presentaciones. Mientras que, durante las eliminatorias con Fernando Batista a la cabeza, el conjunto tuvo un promedio de 215 pases y un bajo 39.3% de posesión por juego.
Esta
dinámica de juego fue halagada por varios jugadores en la zona mixta. Jesús
Ramírez, Dani Pereira y Telasco Segovia son algunos ejemplos. No obstante, me
quedare con las declaraciones de Cristian Casseres Jr para englobar el
sentimiento: “Nos dimos cuenta de que podemos jugar bajo esta filosofía”, le
respondió a SOLOVENEX.
En definitiva, la
llegada de Oswaldo Vizcarrondo al banquillo de la selección absoluta de
Venezuela representa un cambio de paradigma que prioriza (finalmente) la búsqueda
de una identidad y la posesión del balón como una herramienta rivalizante. A
pesar de las dudas iniciales sobre su inexperiencia en el fútbol profesional,
su exitoso paso por las categorías juveniles ha cimentado una propuesta basada
en la salida limpia desde el arco, la movilidad en la zona 2 y una presión en
zona que busca y aguarda por los errores.
Este modelo, que ya ha mostrado
destellos prometedores en amistosos recientes, rompe con la tradición del juego
directo y defensivo que ha tenido la selección proponiendo, en su lugar, una
estructura dinámica donde cada jugador es un actor ofensivo y con posibilidades
de conseguir un tanto. Resulta interesante que en el periodo con la S-17, entre
Sudamericano y Mundial (10 presentaciones), cada futbolista de su XI (salvo el
portero) pudo anotar o aportar directamente en un gol. Esto incluye a
revulsivos habituales como García, Fuentes, Bolaño, Albarrán o Mancilla.
Sin embargo, el éxito de este
ambicioso proyecto 2026-2034 dependerá de la capacidad de Vizcarrondo para
adaptar su filosofía a la realidad de la eliminatoria sudamericana. Si bien la
intención de dominar a través del pase ha sido bien recibida por referentes del
plantel, el cuerpo técnico enfrenta el reto de equilibrar esta ambición
estética y funcional con la necesidad de un juego más directo cuando el nivel
de la competencia lo exija.
Primeramente, eso incluye
seguir cambiando la genética de un equipo que lleva más de una década teniendo
miedo de mantener el balón frente a la presión y que encontró con la presencia
de Salomón Rondón un faro de luz entre la oscuridad; una vía para deshacerse de
la pelota una vez llega la posibilidad de pérdida ante la presión y una vía
para conseguir pisar el último tercio.
En última instancia, la gestión
de los perfiles disponibles y la flexibilidad para ajustar su sistema serán
determinantes. Oswaldo Vizcarrondo tiene un cuerpo técnico experimentado con la
compañía de Cléber Xavier, antiguo asistente del brasileño Tite, Mario Marín,
preparador de porteros de Juan Carlos Osorio durante Rusia 2018; y Óscar
Ortega, exitoso preparador físico del Atlético de Madrid. No obstante, no
tendrán a disposición los mismos jugadores del combinado S-17, ni mucho menos
los mismos rivales.
Es así, que esta adaptación será clave para consolidar una Vinotinto que no solo se sienta cómoda con el balón, sino que sea capaz de transformar esa identidad en resultados, porque de nada vale plasmar un estilo atractivo sin triunfos tangibles. Los resultados son necesarios más allá de lo superficial, debido a que, inicialmente, el trabajo de este nuevo grupo será recuperar, o conseguir, la afinidad de una fanaticada (de todo un país) que está cansada de fracasos y desilusiones tras el bochorno del 09 de septiembre de 2025, el fracaso más grande dentro de la historia del deporte venezolano.








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