“El rival de Venezuela es
Venezuela. Hay que tratar de convencer a los jugadores de que se puede y que
pueden competir”, dijo Fernando Batista en una entrevista en ESPN. Unas
declaraciones que desataron mucha polémica de cara a la fanaticada, pero que
nunca tuvieron tanto sentido como ahora.
La noche del 06 de junio soñé
que el partido finalizaba con un plano y desalentador 0-0. Un marcador que
probablemente sentenciaba toda aspiración de pisar una Copa del Mundo por
primera vez. Desperté revisando las redes sociales y, por fortuna,
efectivamente era un sueño.
Considero que mi subconsciente
avivó una llama (miedo) que estaba poco latente. ¿Miedo al rival? En lo
absoluto. La última vez que venció por eliminatorias en territorio local fue en
agosto de 1993. 32 años sin derrotarnos fuera de su “Olimpo” anti-oxígeno, sea
La Paz o ahora El Alto.
Inclusive, en los últimos
tiempos, los enfrentamientos representaban un oxígeno para un equipo que estaba
golpeado anímicamente. Así sucedió durante los dos premundiales anteriores
cuando la Vinotinto, ya eliminada y
con el rival con aspiraciones, ganó con marcadores de 5-0 y 4-1. Dos de los
resultados más abultados (a favor) en la historia de la selección en la
clasificación mundialista.
Ahora bien, ¿Por qué el miedo?
La respuesta es simple y se responde con los fantasmas de las navidades
pasadas. A Venezuela siempre le ha costado dar el golpe sobre la mesa en los
partidos de “ganar o ganar”. Como casos más resaltantes está lo ocurrido contra
Paraguay en 2009 y 2013, y contra Uruguay en 2013.
Sin ir muy lejos, en este
nuevo ciclo también han reprobado en esa materia. Como ejemplos están los
encuentros frente a Canadá en la Copa América, frente a Paraguay en La Asunción
y frente a Chile en Santiago. Es como ese tatuaje tonto que se hace el chamo de
adolescente, sin pensarlo mucho y arrepintiéndose a los años de la gafedad de
su acción.
El 06 de junio de 2025
representa la fecha en la que finalmente ese chamo consiguió los recursos y
tomó la valentía para ir a la clínica y quitarse con tratamiento láser ese
tatuaje. Un tatuaje que si tuviera que imaginar, estaba dibujado en la frente
con las palabras “no puedo”.
Venezuela venció a Bolivia (2-0)
en el fortín que se ha convertido el Monumental de Maturín. No estoy de acuerdo
con el titular de “el partido más importante de nuestra historia”; pero esos
fantasmas que mencionaba no aparecieron y no solo eso, esta vez abrazaron al
contrincante. El primer gol venezolano, por más exagerada que haya sido la
equivocación, representan el tipo de situaciones que se presentaban en el
pasado.
Esas situaciones tienen un
nombre dentro de nuestro folklore: venezolanada.
Este concepto corresponde a ese error garrafal que ocurría en partidos cumbres
y, en su mayoría, en situaciones específicas. Estas situaciones sentenciaban el
resultado de dicho partido.
¿Las formas? Nada glamorosas.
Pero el equipo afrontó un reto más grande que exponer vistosidad y pasó esa
prueba. Un reto que el propio entrenador y los propios jugadores reconocieron
durante la rueda de prensa y la zona mixta, respectivamente. “Nerviosismo” fue
la palabra más utilizada para describir el desarrollo del cotejo. ¿Nerviosismo
por Bolivia? No lo creo.
Volviendo a la analogía del
tatuaje, hay que aclarar que el procedimiento láser para removerlo dejó
cicatriz y solo falta hacer que esa cicatriz desaparezca con lo que vendría
siendo el adueñarse del séptimo lugar que garantiza un boleto al repechaje.
El martes (10 de junio)
representa esa oportunidad ante un Uruguay que viene en picada y que su
identidad (la “garra charrúa”) hace tiempo brilla por su ausencia. En su
territorio, no solo sabemos lo que es sumar, sabemos lo que es celebrar tras
obtener una de las noches más míticas de nuestro balompié conocido como El
Centenariazo.
Los antecedentes, el contexto
y el momento del rival invitan a soñar con un resultado que, en teoría,
sentenciaría ese séptimo puesto y por qué no el cupo directo. Difícil, pero
tanto el próximo rival como Colombia están a tres puntos de distancia y este
último todavía le falta visitar Venezuela.
Fernando Batista lo dijo: “La nueva final de Venezuela es contra Uruguay”. Asimismo, Telasco Segovia lo reafirmó: “Vamos a ir a Uruguay a aplastarles la cabeza”. La actitud y el escenario están hechos para tener la mejor noche en la historia del fútbol venezolano.

Comentarios
Publicar un comentario