Tras finalizar como los
segundos del Grupo B, la selección venezolana Sub-17 consiguió la clasificación
a la Copa del Mundo de la categoría, la cual se llevará a cabo en Catar en noviembre
del 2025.
Este logro plasma
par de hitos para el fútbol venezolano: es la primera vez que (en el fútbol
masculino) se consigue una clasificación a dos Mundiales consecutivos y es la
generación que mejor selló la fase de grupos del Sudamericano. Consiguió 7
puntos con un +2 en la diferencia de goles.
Posteriormente el
equipo puso pie en el podio gracias a la contundente goleada (3-0) ante Chile en
el partido por el tercer lugar. Es la segunda mejor participación del país
en el certamen con la distinción todavía perteneciente a los subcampeones de la
edición del 2013.
En una entrevista con
la Vinotinto Podcast, Oswaldo
Vizcarrondo, entrenador del plantel, ya daba aviso del grupo que confeccionó y
dirigió: “Van a encontrar una selección
que va a dar todo. Van a querer representar no solo a su país, sino a sus
familias… Entusiásmense que van a darnos muchas alegrías”.
Y es que, más allá de
obtener el quinto boleto para el balompié venezolano a una Copa del Mundo, esta escuadra nos regaló la oportunidad de celebrarlo observando a un plantel que
ofreció un fútbol vistoso en sus sociedades, sin miedo a retener y a tomar
riesgos con el balón, y teniendo como pilar un juego de 'centrocampismo' para progresar. Algo muy poco visto en la selección absoluta.
Varios de los jugadores
resaltaron este estilo, aunque hay que destacar las declaraciones de uno de sus
protagonistas, Román Davis. El lateral derecho manifestó que el juego que
desplegaron en el Sudamericano no refleja a lo que están acostumbrados en sus
clubes, ni refleja a lo que se juega en el FUTVE.
Ramificando esta
identidad que quiso construir el cuerpo técnico, Oswaldo Vizcarrondo describió
sus pretensiones con el grupo: “Partiendo
de mi perfil como jugador quiero agregarle agresividad a la hora de la
recuperación y rigidez táctica, porque siempre me caracterice por estar muy
bien ubicado en el terreno de juego”, explicó.
Durante el certamen se vio a un equipo eficiente en la recuperación y recuperación posperdida, enjaulando al poseedor de la pelota (mayormente) en la zona 2 para así iniciar o reiniciar la ofensiva. La labor de los volantes centrales y del sacrificio defensivo de los extremos, Juan Camilo Uribe y Yerwin Sulbarán, fue clave para cumplir esta faceta.
En caso de no poder recuperar rápido en el centro del campo, el equipo podía a obligar a un balón en largo el cual era anticipado por la última línea. En este escenario destacó el gran timing para anticipar y defender a campo abierto de la pareja de centrales, Eider Barrios y Marcos Maitán.
Este calabozo formado
alrededor del poseedor, la “rigidez táctica” y la agresividad medida fueron
claves para retomar la posesión de manera efectiva. Al revisar los datos nos
damos cuenta que el plantel fue uno de los más eficaces en esta faceta al ser
el segundo seleccionado que menos amarillas recibió (8) y el primero que menos
faltas dio (9.2 pp).
“Luego, con el balón, poder agregar ese juego de
progresión en construcción, de jugar a ras de piso y siento que construimos un
equipo para eso”, añadió el joven director
técnico.
En este juego de construcción fue clave la actuación de, probablemente el mejor jugador de Venezuela en el Sudamericano, Henrry Díaz. Con sus cambios de ritmo, su control del balón, su juego de uno y dos toques, y su capacidad para romper líneas tanto en conducción como con el pase, fue el calificado para comandar las transiciones desde el fondo y también para activar a los atacantes.
Asimismo, los dirigidos por Oswaldo Vizcarrondo mostraron otras facetas interesantes a la hora de sacar el balón. En caso de que el rival no ejerciera una presión alta, se observaba al guardameta Alan Vásquez incrustándose entre los centrales para formar una línea de 3 en el fondo.
Esto provocaba un adelantamiento del bloque, donde los laterales Román Davis y Ricardo Rincones se situaban con mayor profundidad con el fin de generar más opciones de pase en el último tercio y con el fin de generar superioridades numéricas junto al volante más cercano y al extremo.
Dicho esto, tanto Juan Camilo Uribe con sus 5.6 gambetas
por encuentro, como Yerwin Sulbarán
con sus 3.0 gambetas promediadas, representaban la principal fuente de
desequilibrio por las bandas y sus cifras significaron el 45.7% de los regates
totales del conglomerado (18.8pp). Con su ligereza, creatividad y velocidad, ofrecieron
desborde y remates de media distancia cuando conseguían recortar hacia adentro para
aprovechar sus piernas fuertes.
La dinámica de juego permitía encontrarles en situaciones favorables para producir estas ocasiones a través del 1vs1. No es coincidencia que figuraran en el top-15 de regateadores en el Sudamericano con el futbolista del Caracas FC en la 3era casilla y el de Monagas SC en la 13va.
Poblar la zona 14 (frontal del área) fue esencial para materializar ocasiones y producir goles. Aquí fue vital la participación del ya mencionado Díaz en conjunto con Williander Muñoz quien, aun siendo un volante central, fue el máximo asistente del equipo y el máximo asistente en el certamen (4).
Por su parte, Yimvert Berroterán permitió que el juego fluyera gracias a sus constantes desmarques de apoyos, mientras que Diego Claut, con su excelente posicionamiento, decisión y precisión, fue capaz de capitalizar las oportunidades. El delantero del Deportivo Miranda destacó como el máximo artillero con cuatro goles.
Todos estos
automatismos exponen la idea de juego propuesta por Oswaldo Vizcarrondo para
desarrollar un fútbol atractivo, propositivo y que disponga de muchos efectivos
colgados al ataque. Con esto no evitando, pero si alejándose, del juego directo
tan constante en nuestras selecciones nacionales.
Tal cual lo detalló el
mítico zaguero de la Vinotinto: “En Venezuela no tenemos un atacante “9”
como Salomón o Cádiz. En la absoluta los hay, pero no en las inferiores…
Entonces, estamos construyendo un modelo de juego y pusimos los elementos para
poder desarrollarlo. Si vamos a jugar en largo sabemos que lo vamos a perder”.
Pues dicho y hecho, el
combinado nacional de Vizcarrondo fue el segundo equipo que menos recurrió al
balón en largo en el Sudamericano promediando 36.6 envíos intentados por
compromiso de los 236.7 pases promediados. Es decir, solo un 15.4% de los pases
del equipo fueron en largo.
Al seguir
contextualizando estos datos vemos la facilidad que tuvo la selección para
profundizar y finalizar los ataques. A pesar de ser los séptimos en pases completados
y los séptimos en posesión media del balón (47.2%), el combinado fue el tercero
en remates totales con 14.2 por compromiso.
Sin embargo, en el
tramo final de la competición la escuadra expuso algunos lunares llamativos que
llaman a la corrección en pro de la evolución competitiva de los jugadores y en
pro de realizar la mejor contienda posible en la Copa del Mundo de Catar.
Uno respecta a la poca profundidad
del plantel, la cual se evidenció (primeramente) en el encuentro ante Uruguay.
La selección salió al campo con cinco variantes respecto al XI titular
arquetipo y se vio alejada de la esencia que le caracterizó en las primeras tres
presentaciones.
Por consiguiente, salvo
Eder Barrios, el inicio del segundo tiempo significó la vuelta de la alineación
habitual y el desarrollo de la dinámica ya mencionada pues, si bien recibieron
un tanto y no se llevaron los tres puntos, los últimos 45 minutos tuvieron la
constante de un Uruguay ahogado y en propio campo.
A su vez, hay que
acotar que la estatura del grupo no fue un problema, pero la brecha que hay
ante un biotipo más cercano a la élite se hizo indudable en el partido ante
Brasil y especialmente en las semifinales frente a Colombia. La diferencia de
musculatura y de explosividad fue el factor insignia para que los neogranadinos
vencieran con un aplastante 5-1.
Oswaldo Vizcarrondo y
su cuerpo técnico tendrán siete meses para preparar a los chamos para el gran
escenario. Ya ha adelantado que se realizaran más módulos, más giras de
preparación y nuevamente tendrá una consideración macro hacia el universo de
jugadores a su disposición para armar el listado final.
A la misma situación se
enfrentó Ricardo Valiño con la última camada Sub-17 al conseguir la inclusión
de futbolistas como Yiandro Raap, Nicola
Profeta, Luis Balbo, Pablo Ibarra o Frangel Huice, que se encargaron de
ampliar las opciones dentro del terreno.
Ahora se presenta un
escenario parecido con piezas disponibles como Marco Libra (Bologna), o Iván
Molina (Botafogo) y Gustavo Caraballo (Orlando City), quienes no pudieron estar
por problemas burocráticos. El mismo inconveniente afectó al último goleador de
la Liga FUTVE Junior, José Flores
(Zamora).
Tampoco hay que olvidar
a David De Ornelas (Hamarkameratene), quien estuvo en el Sudamericano Sub-15,
ni a Víctor Escobar (Monagas), quien sufrió una rotura de ligamento cruzado en
el torneo mencionado y ya está en la fase final de su recuperación.
Oswaldo Vizcarrondo conversó con El Mundo un Balón en la zona mixta y se
refirió a algunos de estos casos. “La
competencia está abierta”, fue una de sus declaraciones más resaltantes cuando
manifestó que nadie tiene su puesto ganado de cara a la preparación para el
Mundial.
Ahora bien, teniendo en
cuenta que los jugadores están en una etapa formativa, hay que desear que la
progresión de esta camada siga en alza. Esta formación trasciende a lo que
sucede en el terreno de juego debido a que, como mencionó Alfredo Coronis en Conexión Goleadora, “esta etapa es fundamental para la carrera
de estos muchachos. Que no descarrilen, que no los coma el ego y que no los
coman las tentaciones”.
Durante el recibimiento
del equipo, Jorge Giménez, presidente de la Federación Venezolana de Fútbol,
comentó a la Vinotinto TV que, frente
a este escenario de euforia, tiene el anhelo de que los muchachos tengan un
sentido de autocuidado para su desarrollo integral. Además, agregó que la
entidad tiene un plan educativo destinado a la formación fuera de los terrenos
de juego.
Igualmente, en base a lo anterior mencionado, hay que desear que se cumpla (y hasta se multiplique) el deseo expresado por su propio entrenador: “Lo que me va a llenar es que de esta generación haya 5-6 jugadores que lleguen en el fútbol internacional o capaz llegan a la selección de mayores”.

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